No todo se resuelve con movimiento. Una rutina equilibrada requiere que sepamos cuándo y cómo detenernos. El bienestar profundo se construye en las horas de quietud y sueño reparador.
La clave no está en imponer rutinas estrictas inalcanzables. Consiste en pequeños cambios: irte a dormir un poco antes, disfrutar de una taza caliente en silencio o estirar las piernas los fines de semana. Trata bien a tu ritmo natural.